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De excursión a Madrid

Ya veis, a veces, sí cuento cosas de mi vida… Sí, un domingo de excursión. Así me lo tomo, cuando dejo el coche en la estación y cojo el tren para ir a Madrid, con un bolso grande, un libro, un cuaderno y una botellita de agua. Y me deleito en cada rincón, en cada actividad, en cada paso que doy.

Es lo bueno de haberme ido a vivir a 30 km de la capital. Voy allí todos los días, pero no con ese espíritu. Tomo el coche, cumplo con mi trabajo y me vuelvo a casa. Por eso hoy decidí tomarme un día de excursión. Y mientras viajo leo “Elogio de la lentitud“, otro recomendable que os comenté el otro día.

estacionrailes

Me doy cuenta que ir hasta allá así enriquece mucho más el viaje y la vida, incluso con el inconveniente o la aventura de no saber para nada el horario de los trenes que van y vienen. Eso dice una amiga, que va por la vida con la cabeza en las nubes, sin premeditar ni organizar casi nada. Así, dice, le pasan cosas. Si llega a una parada y el bus acaba de salir y tiene que esperar una hora ella piensa que no es tiempo perdido. Saca un libro o se pone a hablar con el que está sentado al lado. Claro, sí, así le pasan cosas como para contar.

El caso es que he ido a Madrid de excursión. No creais que una excursión de estas sale barata. Reconozco que soy un poco manirrota en ciertos temas, como los libros y la música. El objetivo era acercarme hasta la cuesta del Moyano y encontrar algún tesoro libresco de segunda mano, como siempre. Estas han sido mis compras:

Antología bilingüe de Hojas de hierba, de Walt Whitman. Uno de mis escritores y libros fetiche desde niña.

Mi vida junto a Pablo Neruda (memorias), de Matilde Urrutia. Otro de mis preferidos: Neruda y alrededores.

El mismo mar de todos los veranos, de Esther Tusquets. Del que ya he hablado en este blog. Otro fetiche libresco, pero, una vez más, para regalar.

Cuentos (edición ampliada y actualizada), de Mario Benedetti. Para sumergirme en pequeñas historias del genial uruguayo, por fin, en mi bolsillo.

Después de dar un garbeo por el paseo del Prado y la concurrida plaza del Museo Reina Sofía -hormiguero de turistas, ociosos y hambrientos de museos y terracitas soleadas- me he ido a comer un bocata bajo un árbol en el parque de El Retiro, mientras hojeaba mis tesoros, con la agradable hierba bajo los pies sin las sandalias. Me encanta esa sensación de encontrar libros sin buscarlos; se me vienen a los ojos y se quieren venir conmigo. Puro vicio.

Luego me he ido en metro hasta la plaza de los cubos y he oteado la cartelera de los cinestudio que hay por allá. Al final me he decidido por una película alemana, la ganadora el año pasado del óscar a la mejor película extranjera: “La vida de los otros“. Mi elección ha sido sencillamente genial, la recomiendo a todos. Inteligente, perfecta, emocionante. De las que te hace pensar y sentir: mis preferidas. Se me pasaron por la cabeza: “Farenheit 451“, de Truffaut, “Todos los nombres” de Saramago, mi visita a Berlín, el muro…

Os regalo el trailer.

Con la mente en la película he vuelto a mi casa, leyendo, mirando, respirando, oyendo…

En la estación de Atocha aún he picado entrando en una tienda de discos de segunda mano. No tengo remedio. Sólo mirar, me digo. Pero sé que algo llamará mi atención, como siempre. Es otro divertimento que me encanta practicar: comprar un cd al azar de alguien desconocido, mirando la carátula y lo que contiene. Así compro: “Fish up a tree“, de Jennifer Robin, hacedora de jazzy-folky music, como asegura en su web. Y me entero allí que es otra superviviente del cáncer de mama -curioso, ultimamente parece muy frecuente entre las cantantes-. Me encantó al llegar a casa, una mezcla hábil, efectivamente, de jazz y folk acústico. Mi instinto falla pocas veces, modestia aparte, juas. Quizá os ponga algo del disco un día de estos.

Y al ir a pagar me encuentro con mis queridos Everything but the girl, y me los tengo que llevar también en su “Like the deserts miss the rain“, una antología. Y es que Tracey Thorn tiene una de las mejores voces que nunca escuché.

Y ya basta. La próxima excursión tiene que ser más barata, esto no puede ser.

Con mis tesoros usados vuelvo en tren a mi casa. Leyendo un rato, con los últimos rayos de sol en la estación. Y contemplo los campos pausadamente hasta el final del viaje.

Un día aprovechado. Una excursión. Un viaje. Y es que la vida, ya sabes, no es más que unos días de excursión…

Y para viajar en el tiempo os dejo con el video y la canción de Everything que a mí me enamoró hace ya 20 años lo menos: Driving. La agüela, que siempre viene conmigo…

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8 thoughts on “De excursión a Madrid

  1. que todavía no haya visto la película esta! hablame a mi de gente lenta… ay!
    Lo único que me molesta de esta película es que el tema es Ossi y lo trata un Wessi… y no es que no existan historias así desde este lado… sin ir más lejos, acá en los 90tas descubrieron un caso de “espías” de la Verfassungsschutz (Policía de protección de la constitución) que estaban infiltrados en los grupos de apoyo al tercermundo y eso… enfin … siempre oscilo entre el asco contra ese sistema que hacía vigilarse unos a otros, y la rabia que me da que los de este lado hagan como que ellos nada, de nada… pura locura de los otros… gracias por lo libros, a ver si me queda alguno en el ojo… creo que la Tusquet me gustaría…

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  2. Pero claro, los del oeste siempre se han creído los buenos de la película. Sus métodos, digamos, que son menos grises y evidentes, más sutiles. Manejan nuestra libertad de otra manera.

    En fin, de todas maneras creo que la peli no es demasiado panfletaria. Parece bastante humana y documentada. Pero tienes que verla.

    Y “Cuatro minutos”, también alemana, es la próxima que iré a ver, tiene muy buena pinta.

    En cuanto a la Tusquets, prepárate para una lectura densa. Ese libro me encantó cuando lo pillé por segunda vez, y después se convirtió en el libro que más veces he regalado. A mí me encanta.

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  3. No, no te hablo de sutilezas, te hablo de 3 tipos que vivían en una comunidad con otros y que en algún momento no pudieron seguir mintiéndoles, sin decirles que los seguían espiaban y delataban… te hablo, ahora en el siglo 21 y sin muro divisorio, del tipo que se acaban de raptar (un alemán de orígen árabe) y que se pasó como un año en la carcel de los gringos en Paquistán, hasta que lo dejaron en libertad sin cargos, y que declaró que lo habían interrogado alemanes durante su cautiverio, miembros del ejercito alemán, y que hace dos semanas le respondieron a su solicitud, que las actas del ejército las habían borrado del computador por error. Eso no son sutilezas.
    Y no leo nada especial, eso sale en las noticias de la tele. Me da flojera buscar en google las noticias, pero no es secreto, ni interpretación mia.
    No digo que le pase a cualquiera, pero lo de los 90 podría haberme afectado, lo del 2000 ya no, pero solo porque no soy de origen árabe… o turco… y claro…

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  4. Claro, ahora la cosa mala ya no es el comunismo, ahora es lo islamista, y si no, que hablen de sutilezas a los de Guantánamo. Pero está visto que hay cosas que sabemos que existen y como los poderosos son poderosos, el resto del mundo no les tose, solo mira estupefacto, casi lo mismo que cuando los nazis aplicaron la solución final, o, qué digo, mucho antes, cuando deportaban a los judíos a guetos y el resto del mundo se quedaba tan tranquilo (quizá porque eran tan antisemitas como ellos -aquí los echamos en el siglo XV, por eso nos suena a chino-).

    En fin, el poder siempre tiene que inventar enemigos, precisamente porque quiere mantenerse en el poder. Los de a pie somos unos pobres pringaos, como siempre, que no nos enteramos ni de la mitad. Igual que cuando estaba aquí la dictadura de Franco y hay quien todavía piensa que se vivía mejor, sencillamente porque hay gente a quien le da exactamente igual tener libertad de prensa, de opinión, de asociación, etc etc… Hay gente a quien le da igual su libertad. Esta gente sólo se mueve en un nivel económico: tengo esto, me dan esto, puedo acceder a esto, y esto siempre es algo material, entonces el grupo A son buenos o el grupo B son malos. Ya no hay ideas, ni solidaridad, ni nada de nada.

    Pero hay quien sólo se da cuenta de la libertad que tiene cuando la pierde. Y ya no hablemos de la estrategia del miedo… Uff.

    No, todos, de todos los colores, tienen sus más y sus menos, pero hay cada cual que vaya tela!! Y sí, menos mal que no tenemos una tez demasiado morena, o no somos musulmanes, que si no… El poderoso siempre teme perder el poder y siempre encuentra un enemigo: ahora es el inmigrante, el musulman, el pobre, la mujer… según toque.

    Vaya, que quemada venía hoy de currar…

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  5. Juajajajaja… bue… de vez en cuando, un desahógo… ya se sabe que de vuelta a este mundo y se hace lo que se puede. Un beso. Y ya paso a otro post, no te preocupes…

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  6. Pingback: Sobre el vicio de leer « Mirando las musarañas…

  7. Pingback: Cuatro minutos « Mirando las musarañas…

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