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Tiempo para la belleza

Reconozco que uso este espacio para compartir cosas que a mí me parece que merecen la pena, que a mí me llenan de algo o me conmueven o sacuden por otros motivos, aunque el motivo principal de musarañear es para mí encontrar algo hermoso y compartirlo, aunque suene así.

El caso es que esta reflexión viene a cuento por un artículo de Fogonazos en el que relata el resultado de un curioso experimento del Washington Post. Se trataba de colocar en el metro a hora punta a uno de los violinistas más prestigiosos del mundo, Joshua Bell, y que tocara allí con su stradivarius único, como un músico callejero. Y a ver qué hacía la gente.

stradivarius

Yo no daría ni un duro por apostar a que mucha gente pararía a escuchar.

Mi relación actual con el metro es absolutamente excepcional, y cuando, rara vez, lo tomo, es un viaje extraordinario, precisamente porque no es habitual ni, seguramente, tengo prisa para llegar a donde voy. Por eso un viaje en metro para mí es observar, escuchar, disfrutar…

Os recomiendo que leais el post y que veais el video en el original aquí.

Y a ver quien se hubiera parado a escuchar y dejarse unos minutos atrapar por la belleza en medio de las prisas de la gran ciudad.

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7 thoughts on “Tiempo para la belleza

  1. Le dejo un comentario a Fogonazos, el tema lo vale. Y también me admira el desafío de los del Washington Post y Joshua Bell.
    Disfruto de la buena amistad de uno de los mejores pianistas del mundo, el año pasado, en Barcelona, lo animé a tocar en un antro de cena-jazz a dos manos con el que consideramos número uno, y al final de la actuación del grupo de este último.
    Fue un concierto maravilloso… la mayoría se levantó sin pensar ni esperar lo que salía de todo aquello, también es cierto que no respetaron en silencio la anterior actuación.
    No sé ni papa de música, pero te puedo asegurar que me hubiese quedado prendado escuchando el violín de aquel tío en el metro.
    Hace muchos años me ocurrió lo mismo en Santiago de Compostela al llegar como peregrino “pagano”. Tocaban en la calle unos músicos de cámara como si tal cosa, la gente pasaba de largo menos dos o tres despistados… nos quedamos prendados de la calidad, sentimiento y… todo. Luego, al terminar y enrollarnos con ellos, nos contaron que eran de la filarmónica de Viena y estaban haciendo el camino.
    (Ya ves como me enrollo en tu casa con los comentarios, estabas avisada)

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  2. suigeneris dice:

    No te preocupes por lo largo de tus comentarios. Se agradece.

    Yo también me pararía a escuchar, seguro, sobre todo si la pieza que tocan me gusta.

    Hace tiempo, cuando comencé a tocar en algún que otro garito, como cantautora, recuerdo que alguna gente de la que estaba allí no respetaba ningún silencio mientras tocaba y cantaba y seguían a su jaleo. No es que yo sea ninguna estrella, ni de lejos era nadie, pero sí me molestaba un poco, porque había otra mucha gente que sí estaba escuchando y disfrutando con lo que les ofrecía. No me tiraron nunca tomates, ja.

    La gente siempre tiene mucha prisa. Además muchos oyen música así y no la distinguen del hilo musical, si es que llegan a oirla.
    A mí ese tipo de conciertos en directo siempre me parecen una isla deliciosa dentro de la fealdad urbana y más bajo tierra. Un impass en el trajín de almas sudorosas, cansadas ya antes de comenzar el día… Porque sí, la vida es muy dura, pero gracias a pequeñas cosas como éstas una se da cuenta de que hay algunas cosas que merecen la pena.

    Y entonces te paras un minuto y vives.

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  3. Mirá, aquí se para mucha gente a escuchar esos conciertos… salen los de la orquesta sinfónica a deleitarnos, podés encontrar juegos de violines interpretando música en la peatonal cualquier día. A veces en la misma cuadra te encontrás varios conciertos… y yo seguro estoy ahí, ja!. Besos y no seas tan descreida de la gente (regañito cariñoso). Hay pa´todo. Es como decís, alguna gente molestaba y otra mucha gente escuchaba… cuestión de adverbios, menos mal.

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  4. suigeneris dice:

    No, no, en el metro del experimento se pararon dos o tres de más de 1000 personas que pasaron.

    Está interesante leer el original del WP, y el trauma del afamado violinista (que gana miles de dólares por minuto en cualquier concierto suyo) al que esta vez nadie aplaudió, y como habla de la sensibilidad de los niños (uno de los pocos que quiso parar pero su madre tiró de su brazo para seguir andando).

    Aquí en Madrid también puedes encontrarte muchos músicos callejeros, pero claro, el experimento tiene la trampa de estar hecho a las 7 de la mañana de un día laborable y en el metro, no en un paseo ni un parque.

    No es que sea descreída, el experimento está ahí, y, ya se ve, todo es relativo.

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  5. A las siete de la mañana?
    Pues entonces la gente tiene una disculpa: el riesgo de una mala reprimenda, un descuento, o la pérdida del salario de la jornada.
    En los EEUU como en muchas empresas europeas, la cosa funciona así.
    Un abrazo.

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  6. noxpan dice:

    Es un experimento super interesante, pero de resultados esperados ya que los violinistas no es un colectivo muy conocido.

    Se hace aqui en el metro y pasaría lo mismo. Si haces todos los días la misma ruta al final vas como un autómata sin darte cuenta de nada. Además en el metro la gente va muy aprisa porque suelen ir con el tiempo muy justo y claro no se pueden permitir llegar tarde.

    Por otra parte creo que hay que tener cierta sensibilidad musical para apreciar la diferencia de un muy buen músico a un músico más normalito; yo estoy seguro que no me daría cuenta podría pensar que tocan bien pero no sería capaz de notar esa diferencia. Y perdóname pero para los neófitos a veces esa diferencia entre alguien que no lo hace de todo mal y el virtuoso no la llega a notar la diferencia. Esto daría para hablar mucho porque se puede entender mal pero bueno queda escrito.

    Mil besos.

    PD: En algún post has comentado que escribes en este espacio para traer cosas interesante, pues yo te leo porque me gusta encontrarme con cosas interesantes y diferentes.

    Noxpan

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  7. suigeneris dice:

    Bueno, nox, lo que cuentas está claro, no tengo nada que perdonar ni objetar, ni parto de la base de que la gente “debería” pararse a escuchar al violinista.

    Digamos que yo -personalmente desde mi propia percepción- partiría de la siguiente base respecto a lo que yo captaría, pero, si me permites, con un símil más cutre pero igualmente sensitivo:

    – Tienes el tiempo justo para llegar a donde vas
    – No llevas cascos ni vas leyendo
    – Entras en un lugar lleno de gente y, probablemente, con bastante ruido. Ni bonito ni feo.
    – Pasas a dos metros de una flor natural del tamaño de una persona, con proporcional y enorme fragancia.

    Te aseguro que creo que yo:

    – Al menos giro la cabeza durante un rato para mirarla mientras camino.
    – Al menos aspiro con intensidad el aroma sinigual durante unos instantes.
    – Distingo esa flor de una flor de plástico; quizá de otras imitaciones muy logradas me costaría más.

    Bueno, no sé si me he explicado, hablo desde mi percepción de las cosas, y además, teniendo en cuenta que, al parecer, ese vestíbulo del metro del experimento tenía una muy buena acústica.

    Fíjate que poquísimas personas apenas se dieron cuenta siquiera de que estaba sonando algo como música. Claro que la mayoría tenían prisa, y quizá llevaban cascos o estaban concentrados en sus pensamientos o su somnolencia a esas horas.

    Eso sí, Joshua Bell, la estrella que genera miles de dólares y admiración por minuto cuando toca, está desolado porque al acabar su interpretación nadie le aplaudió, pero, sin embargo, se sintió inmensamente agradecido, como nunca, cuando alguien simplemente se acercó y le echó unos centavos. Así que él también aprendió quizá cierta lección de humildad de todo esto.

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