Suigeneris, Textos escogidos

Los amorosos

A veces…

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Jaime Sabines, de “Horal”

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4 thoughts on “Los amorosos

  1. Gracias, es una forma de decirlo… Argentina me pilla un poco lejos.
    Vos sabés que el amor le deja a una hecha concha cuando menos lo espera, y todo quedá en una nostalgia, en una ceniza… un abono para volver a hacer crecer… otra futura nostalgia, otra ceniza por venir…

    No más tangos, ché!!

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  2. lapachosenprimavera dice:

    Bueno el subrayado y el uso de la homonimia (era así no?) “concha” para el comentario … he vivido en 5 sitios diferentes, incluido “el extranjero”, qué puede hacer uno más un tiempito o un tiempazo! Lo de Nebbia:
    Dicen que viajando se fortalece el corazón
    pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior,
    ojalá que esto pronto suceda,
    así podrá descansar mi pena hasta la próxima vez…
    SOLO SE TRATA DE VIVIR!
    Ah, muy perspicaz lo tuyo!

    Me gusta

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